Insulina la hormona que revoluciono el tratamiento de la diabetes

Dec 18, 22
Insulina la hormona que revoluciono el tratamiento de la diabetes

 

Insulina hormona producida por las Células B de los islotes de Langerhans en el páncreas 

A poco no sabías qué…La hormona que revolucionó el tratamiento de la diabetes


Hace unos 2.500 años, médicos indios observaron que la orina de ciertas personas atraía a las moscas y las hormigas por su dulzor.

Lo llamaron madhumeha, “orina de miel”, notando que los afectados padecían de fuerte sed y mal aliento. Aunque la enfermedad fue frecuentemente reseñada por médicos grecorromanos como Galeno y autores medievales en Occidente y Oriente, no fue hasta 1674 cuando un médico europeo, el inglés Thomas Willis, anotó en una obra científica, Pharmaceutice rationalis, el sabor dulce de la orina de los diabéticos, comprobado por él mismo.

Willis utilizó el apellido “mellitus” para la enfermedad, añadiendo el término latino que significa “​​dulce como la miel”. En 1776 Matthew Dobson mostró la presencia de azúcar en la orina de estos enfermos, y en 1797 John Rollo aplicó un pionero tratamiento dietético de la diabetes que después se llamaría de tipo 2.

En 1915 Frederick Allen y Elliott Joslin experimentaron con una dieta de ayuno baja en carbohidratos. Sin embargo, ninguno de aquellos primeros avances se acercó al origen de la enfermedad; una afección del riñón era la apuesta más común, aunque Willis lo atribuía a la sangre.

Varios científicos notaron alteraciones en el páncreas en las autopsias de enfermos, pero fue en el XIX cuando los experimentos y observaciones de Joseph von Mering, Oskar Minkowski y otros certificaron que la disfunción de este órgano, implicado en la digestión, causaba la enfermedad.

Por otra parte, el estudio microscópico llevaría a reconocer el papel de los islotes de Langerhans, masas de células que había observado por primera vez el patólogo alemán Paul Langerhans en 1869.

Poco a poco fue comprendiéndose que el páncreas ejercía además una función endocrina que regulaba la glucosa en la sangre, y que su fallo obligaba a los riñones a emplearse a fondo para eliminarla, lo que causaba la abundante micción, la deshidratación y la sed. Faltaba encontrar el ingrediente esencial que el páncreas suministraba al organismo y cuya ausencia causaba la diabetes.

Si nos atenemos a la historia que escriben los premios Nobel, en 1921 Frederick Banting y John James Rickard Macleod descubrieron y aislaron la insulina en la Universidad de Toronto, y al año siguiente trataron al primer paciente. Por este hallazgo, en 1923 ambos recibieron el Nobel de Fisiología o Medicina.

La realidad fue más complicada: Banting trabajó en el laboratorio de Macleod con la ayuda del estudiante de este, Charles Best.

Para la purificación de los extractos pancreáticos crudos de perros y vacas contaron con el bioquímico James Collip. Pero entre Banting y Macleod surgió una agria enemistad. Cuando ambos fueron distinguidos con el Nobel, el primero se enfureció por el desprecio a su colaborador Best, a quien donó la mitad del premio, y Macleod hizo lo propio con Collip. En décadas posteriores Banting y Best trataron de minimizar el mérito de Macleod y Collip, hasta que las revisiones independientes de la historia repartieron los merecimientos entre los cuatro.

Con la insulina ya identificada y aislada, las investigaciones posteriores trajeron la salvación para los enfermos de diabetes. Casi de inmediato la farmacéutica Eli Lilly and Company comercializó la hormona para el gran público, y en la década de los 40 la compañía Novo Nordisk lanzó la primera insulina de acción prolongada. En 1951 y 1952 Frederick Sanger descifró la secuencia de aminoácidos de la insulina, la primera de una proteína, lo que permitió producirla por síntesis química.

En 1969 Dorothy Hodgkin determinó su estructura por cristalografía de rayos X. Estos hallazgos facilitaron la producción en masa de insulina bovina y porcina, hasta que en 1982 Genentech y Eli Lilly lanzaron la insulina humana (Humulina) generada en bacterias modificadas por ingeniería genética, la primera proteína comercial obtenida de este modo.

Desde entonces se han introducido distintas formulaciones, de acción rápida, media o lenta, junto con análogos de insulina y otros medicamentos que mantienen a raya los síntomas de una de las enfermedades que más se han beneficiado del progreso científico

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